Desde hace algún tiempo se vienen escuchando voces de cientos de consumidores sobre la calidad del café que venden algunas grandes marcas en Colombia. Las personas se quejan por el extraño sabor y la fuerte amargura. En ocasiones, comentan, es imposible bajar con agrado una taza del producto sino contiene azúcar o panela. No se siente natural.
Adultos mayores, por ejemplo, recuerdan épocas pasadas y cuentan que no encuentran sabor a café en lo que se compra y consume actualmente.
El tema llama mucho la atención porque Colombia es conocida a nivel mundial por la excelente calidad del grano. Y es paradójico que el país está comprando en el extranjero para abastecer el mercado nacional. Otro dato importante es que gran parte de este grano es de baja calidad o pasilla.
De acuerdo con Germán Bahamón, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, en los últimos doce meses, Colombia importó 1, 5 millones de sacos de café.
El líder gremial propuso recientemente la creación de una norma nacional que obligue a declarar el origen del café en el empaque.
“Que en el empaque sea tan legible de dónde viene el café como cuántos gramos contiene. Que quien está frente al anaquel pueda distinguir, sin lupa y sin ser experto, si lo que se lleva a su casa es café 100 por ciento de Colombia”, indicó Bahamón.
Este panorama permite concluir que las presentes generaciones de colombianos, al parecer, no conocen el verdadero sabor a café, como el que entregaban con amor los abuelos en las fincas.
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